martes, 31 de diciembre de 2013

La banca necesita datos más fiables

Hace ya años que se están implantando poco a poco las pautas, recomendaciones y obligaciones que establecen las directrices Basilea II y III en el sistema bancario. Esta reorientación nace de la necesidad de cambio marcada en gran parte por la reciente situación económica global y que vio acelerado su proceso tras la crisis de las hipotecas “subprime” y los activos tóxicos que provocaron la revisión de Basilea II.

Tras estos cambios en las reglas del juego para los bancos, ¿cuáles son sus verdaderos retos y principales dificultades?

En primer lugar deben reducir sus costes y reorientar sus objetivos hacia el aumento de la rentabilidad y el volumen de negocio. Y muy relacionada con esta primera premisa está el hecho de que se deben ofrecer servicios más personalizados, simples y claros para los clientes, adaptándose mejor a cada situación para reducir con ello posibles riesgos asociados.
Con los acuerdos de Basilea II y III se introduce también la base hacia una regulación común europea del sector financiero a través de la supervisión de los grandes bancos. Si bien es tan solo una primera aproximación que, pese a que todavía no ha llegado a implantarse tras constantes retrasos, se antoja insuficiente.
Pero ante todo, el nuevo marco bancario exige la reducción del riesgo a todos los niveles. Por una parte los bancos están disminuyendo la volatilidad de sus acciones y asegurando la liquidez de sus activos. Otra vía a controlar es la del riesgo asociado al día a día, fallos operativos de origen humano o de una mala planificación del modelo utilizado. Finalmente también incluimos como factor de riesgo evidente las distintas líneas de crédito, que desde Basilea II deberán tener un control mucho mayor para no revivir situaciones como las acaecidas en el pasado lustro.

¿Cómo controlan los bancos el riesgo?

Parecería una respuesta banal, pero aplicando criterios de prudencia basados en un correcto análisis de la coyuntura económica y de los ingentes datos de que disponen los bancos.
La clave en todo este proceso estará en la correcta gestión y manipulación de los datos asociados a cada cliente y operación. El verdadero reto en todo ello radica por lo tanto en el gobierno de los datos y la forma en que fluyen entre los empleados y posiciones encargadas de la toma de decisiones referentes al crédito u operaciones de riesgo.
Y es que, por poner un ejemplo, sin una buena implementación de la gestión de datos, un auditor externo es incapaz de determinar la procedencia y trazabilidad de según qué datos.

En otras ocasiones, también nos encontramos con datos incompletos o erróneos de clientes u operaciones, siendo esto una fuente de ineficiencia a la hora de tomar decisiones crediticias”

Las imposiciones y reajustes de basilea ii y basilea iii son muchas, acrecentando la necesidad de tratar los datos de una forma mucho más potente y perfeccionista. Así que el sector bancario necesita datos, sí, pero sobre todo necesita que sean pertinentes, correctos y que sean capaces de modelarlos y filtrarlos de forma óptima para que todas las decisiones corporativas estén tomadas sobre la base esencial de la reducción drástica del riesgo.


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